Sam Elliott en una sitcom. Lo juro, jamás me lo habría esperado. Y aun así consigue darle a The Ranch algo único — algo que ningún otro actor podría haber aportado a esa serie de la misma manera.
La Pareja Improbable
Los productores emparejaron a Sam Elliott — para siempre el icono del viejo oeste, rudo y auténtico — con Ashton Kutcher, la estrella de una interminable serie de comedias románticas donde siempre interpreta al mismo tipo. Dos actores que son siempre completamente ellos mismos, pero de maneras completamente distintas. Juntos, saltan chispas.
Por un lado el padre vaquero, brusco y directo; por el otro el hijo presumido que se fue para convertirse en una estrella del deporte y volvió con el rabo entre las piernas buscando un nuevo camino en el rancho familiar. El conflicto generacional y la dinámica familiar que surge de él son el verdadero corazón de la serie.
Más Que una Simple Sitcom
Llamarla “solo una sitcom” sería reduccionista. The Ranch tiene el ritmo y la estructura de una comedia, pero ocurren cosas reales que cambian a los personajes. Los finales de temporada son de los que te dejan en vilo, no de los que se resuelven con una sola carcajada.
La vi desde el primer episodio hasta el último y disfruté cada minuto. Absolutamente recomendada para quien ame ese estilo de vida americano rudo pero genuino, quiera reírse un poco y no le importe algo de drama familiar de por medio.








